
INTERVENCIÓN ORAL EN LA 49NA SESIÓN DE LA COMISIÓN DE LA
CONDICIÓN JURÍDICA Y SOCIAL DE LA MUJER
por Dorothy Aken´Ova en representación del
CAUCUS DE SEXUALIDADES DIVERSAS
Alejandra Sardá
asarda@iglhrc.org
New York, 10 de marzo de 2005
Gracias, señora presidenta. Hablo hoy ante ustedes como representante del
Caucus de Sexualidades Diversas. Mi nombre es Dorothy Aken´Ova y soy la
directora ejecutiva del Centro Internacional por la Salud Reproductiva y los
Derechos Sexuales (INCRESE), en Nigeria.
Los derechos sexuales nos pertenecen a todas y a todos, no sólo a las
marginadas y a los marginados. Los derechos relacionados con la sexualidad son
parte del espectro de los derechos humanos y libertades fundamentales
reconocidas en el plano internacional, pese a los esfuerzos apenas velados que
se están haciendo por presentarlos como ?nuevos derechos?. El paradigma de los
derechos humanos es un discurso en constante evolución que se apoya en
interpretaciones alimentadas por movimientos sociales globales y paisaje
político en cambio permanente. Todas y todos sabemos que los derechos humanos
son indivisibles y que todas las personas deben disfrutar de su pleno ejercicio.
Las identidades y expresiones de género no existen separadas de otros aspectos
de nuestra identidad como la raza, el género, la edad, el grupo étnico,
etcétera.
Los derechos sexuales, si bien incluyen la orientación sexual, también abarcan
la integridad corporal, la autonomía, la privacidad y la elección. Tienen que
ver también con no sufrir discriminación, coerción y violencia, como lo
señala el Párrafo 96 de la Plataforma de Beijing. Aún así, todos los días,
hay personas que se enfrentan a la tortura o la prisión, y que incluso son
ejecutadas cuando gobiernos fracasan en cuanto a la protección de estos
derechos. Los estados deben tienen la responsabilidad de respetar, proteger y
hacer que se cumplan los derechos humanos de todas las personas, sin
importar que sean o no lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros,
intersex o heterosexuales.
Percibimos con consternación que algunos estados todavía conservan leyes
coloniales que penalizan la actividad sexual entre personas del mismo sexo, así
como las expresiones sexuales y de género que no se ajustan a las normas.
Algunas de estas leyes se han perpetuado en nombre de la religión. Rechazamos
este uso político de la religión que impone valores coloniales y patriarcales,
y promueve fundamentalismos y toda clase de extremismos.
Diversas formas de sexualidad han existido durante siglos, y los movimientos
sociales que defienden y promueven los derechos de las personas cuya expresión
sexual y de género no se ajusta a los modelos heteronormativos existen en todas
las regiones y culturas. Muchos de estos movimientos por la justicia social han
trabajado desde adentro de la lucha más amplia por los derechos humanos,
contribuyendo a fortalecerla. Queremos mencionar también la historia de quienes
redactaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros
instrumentos de derechos humanos e invocar la visión que tuvieron mujeres
valientes y reflexivas como Hansa Mehta, una feminista india que promovió la
noción de que todos los seres humanos son iguales en dignidad y derechos.
Nos enfrentamos a una contradicción problemática: por un lado,
un trabajo político rico y diverso, a escala global, relacionado con la
diversidad sexual y de género; y, por otro lado, un clima de odio y violencia
contra los grupos marginados. Todavía los derechos humanos relacionados con la
sexualidad siguen siendo un punto de controversia en muchos debates dentro de la
ONU. La 49na sesión de la CSW no es una excepción. Muchos países están
comprometidos con el progreso de los derechos sexuales, y así lo han afirmado
en forma pública y privada. Sin embargo, las relaciones de poder desiguales y
las tácticas de coerción entre los estados han hecho que ese apoyo se silencie
y la semana pasada han puesto en peligro una declaración sobre los derechos
humanos de las mujeres que contaba con un fuerte consenso.
Los derechos humanos, la igualdad, la implementación de la PAB y el
cumplimiento de los ODMs, no pueden avanzar mientras existen grupos
estigmatizados, marginados, y sometidos a la discriminación y la violencia. Al
oponerse a las tácticas de coerción, incluyendo la difusión de mitos y la
manipulación mediante el miedo, debemos reconocer, adoptar y celebrar la
diversidad de la especie humana. Hacer menos que eso es un insulto para todo
aquello en que se basa en el sistema de Naciones Unidas.